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Muñoz Rojas. Olvido y saber ocupan lugar.

Mie, May 6, 2009

Sin Comentarios

Confieso que no resulta fácil elegir lectura para unas vacaciones, al menos a mí, a pesar de las recomendaciones que para tales casos suelen proliferar en las publicaciones especializadas y en los suplementos de cultura que la prensa diaria nos tiene acostumbrados oportunamente recetar. Harán próximamente diez años, disponiéndome a introducir libros en el equipaje para Fuerteventura, escogí a dos poetas que prácticamente desconocía por aquel entonces: Claudio Rodríguez y Muñoz Rojas. Al primero, por que había recién fallecido y al segundo porque hacía unos meses que había recibido el premio nacional de poesía 1998. Además, siempre llevo conmigo en los viajes a Antonio Machado, sus obras se han convertido en “libros de cabecera”: aquellos que sirven a uno «para hacer acopio de valor»[1].

> ABCd
> Babelia
> El Cultural
> Insula. Revista de Letras y ciencias humanas
> Revista de Libros
> Letras Libres

Tres cuestiones tuve en cuenta para decidirme por el autor de la poesía de los Objetos perdidos:
1ª Se trataba de un poeta malagueño con 90 años. Un paisano que había estudiado – 40 años antes - en el mismo colegio que yo: jesuitas de El Palo.
2ª Que en el acto de entrega de los premios, el escritor Pere Gimferrer galardonado con el Nacional de las Letras Españolas 1998, en su discurso de agradecimiento tuvo unas palabras especiales para Muñoz Rojas: «superviviente excelso, y felizmente activo, de la generación del 27, a quien estimo que la ocasión que nos reúne debe ante todo rendir homenaje».
3ª Que otro andaluz y colega, el poeta Caballero Bonald le dedicara una tribuna en EL PAÍS con el título de “Un ejemplo” y dijera de él: «Muñoz Rojas es fundamentalmente un poeta que ha ido explicándose mejor a medida que pasaba el tiempo por sus libros. Podría decirse que su poesía y él han cumplido los mismos intachables años».

¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruïdo
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido![2]

En aquel verano de 1999 mi hija mayor fue como voluntaria al Campamento Internacional para la Conservación de la Tortuga Boba en la Isla de Boavista de Cabo Verde, experiencia que marcó positivamente su vida. El resto de la familia optamos por descubrir Fuerteventura que aún no conocíamos. Disfrutar de sus extensas y limpias playas, de sus bellos y exóticos paisajes, del amable trato de los lugareños y de su singular gastronomía, de la cual merece destacar la ensalada guanchinerfe, los exquisitos mariscos y quesos majoreros.

Me atraía conocer el lugar donde estuvo desterrado Miguel de Unamuno en 1924. A Muñoz Rojas le había impresionado D. Miguel en 1936, cuando tuvo la oportunidad de conocerle en la Universidad de Cambridge, donde investigaba a los poetas metafísicos ingleses. Unamuno hablándole sobre Crashaw, tanto hizo mella en él, que junto a sus peripecias y muerte a finales del mismo año 1936 en Salamanca, le provocó leer su obra y ayudar a su amigo Arthur Wills a redactar su trabajo sobre el malogrado filósofo español[3].

Al margen de esas curiosidades, realmente me fascinó la lectura inicial de Muñoz Rojas, tras ella y de vuelta en la península, seguí con Las cosas del campo y Cantos a Rosa (finales de 1999), Entre otros olvidos (primavera de 2001), Yo sólo sé nombrarte (en 2002, tras ser galardonado con premio Reina Sofía de poesía iberoamericana), Rescoldos (2005 en una nueva estancia en las playas del cotillo de Fuerteventura). Cartas de Vicente Aleixandre a José Antonio Muñoz Rojas (1937-1984) (finales de 2005). Las sombras (finales de 2007). Creo haber leído la obra de un clásico contemporáneo, universal y atemporal. Que ha sabido cultivar todos los géneros y estilos poéticos[4].

Rosa y comprometerse nunca fueron
compatibles. Mi Rosa siempre dijo:
No me cites, por Dios, para mañana.
Mañana, tierra, nadie, son iguales
para las rosas. No sabemos nada
si no es del leve instante. Somos
tan verdaderamente de él como es ele ala
del aire en que se apoya. Sin embargo,
algo pudiera hacerse amando un poco,
y llenar el mañana de ternura
con citarlo, diciendo simplemente:
Sobre las ocho en punto, donde sabes.[5]

Un poeta joven que este año 2009, cumplirá los 100. Dicho centenario, unido al setenta aniversario de la muerte de Antonio Machado, fueron motivos para que el Centro Andaluz de las Letras declarara a ambos poetas autores del 2009. Esplendidas concomitancias que acercan más si cabe a ambos poetas. Desde julio de 1926, cuando lee la edición de la poesía de Antonio Machado hecha por la Residencia de Estudiantes, como asevera de Muñoz Rojas el profesor Cristóbal Cuevas: «el espíritu de D. Antonio, se sentirá para siempre vinculado a su figura humana y a su obra»[6].

Está desde aquel día,
desde el estío aquel sonando hondo
su verso; igual de claro que aquel día,
igual de ancho que un estío,
sirviendo de temblor con su palabra
a tanto temblor nuestro sin palabra.
Y las pocas palabras verdaderas
siguen siendo temblor, parte por siempre
de lo creado y único camino
de salvarnos un poco cada día,
darle nombre a los mundos que en nosotros
claman por su palabra verdadera.

A Muñoz Rojas desde que le leía su abuela Teresa, la persona “a quién más le debo en este mundo”, cuando apenas tenía dos años a los poetas románticos españoles[7], dado que ha vivido mucho e intensamente, fundamentalmente dedicado a la poesía, le han influenciado numerosos poetas que le precedieron, los coetáneos y correligionarios. También, como clásico de nuestra literatura a caballo entre dos siglos, indiscutiblemente ha dejado huellas o marcado la obra de muchos poetas en lengua castellana. Algunos metidos en años pero no tan viejos como él, por ejemplo de la generación del 50: Pablo García Baena, Mª Victoria Atencia o Antonio Gamoneda. Otros de la generación del 70 o más nuevos: Luis Alberto de Cuenca, Andrés Trapiello, Antonio Carvajal, Fernando Ortiz o José Mateos. Todos ellos significativos miembros de la poesía española contemporánea.

Ahora acabo de releer La alacena olvidada. Obra completa en verso. Un librito, pequeño en su continente a pesar de sus casi 500 páginas, grandioso por su contenido. Idóneo ejemplar para libro de cabecera. Además de la poesía completa autorizada y revisada, verso a verso, por el propio autor, incluye un estudio, el glosario del mundo del campo y las notas, de tres años de trabajo investigador de Clara Martínez Mesa, a quien se debe dicha edición publicada por la editorial Pre-Textos con la colaboración de la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales. Como bien indica la especialista el libro se forja de «una vez abierta la puerta de una alacena olvidada que el olvido roía»[8].

Son muchos los aspectos concomitantes surgidos en el transcurso de la escritura y posterior lectura de este artículo, que sin duda nos motivaran a escudriñar. Ejemplos que al pronto me vienen a considerar:
- La gran memoria que poseemos para olvidar.
- La noche sin paredes es sinónimo de libertad.
- Somos el tiempo que nos queda.
- Cesarea Evora, poeta y música de Cabo Verde.
- La foto de Collioure y la poesía insumisa de Caballero Bonald.
- Últimos poetas que se fueron: Antonio Pereira e Idea Vilariño.

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Steiner: Libros que nunca he escrito. En un paraíso al sur de Europa.

Dom, Mar 29, 2009

Sin Comentarios

Sí como dice Alberto Manguel, a un lector puede definirsele por lo que lee y por lo que rehúsa a leer, al escritor también se le podría conocer no sólo por lo que escribe, sino igualmente por lo que no escribe pero que en mente ha tenido en algún momento hacer. Ahora bien, al menos debería de compartir con sus lectores sus fallidos propósitos o caminos inexplorados, la antología de sus deseos incumplidos tal como lo ha hecho George Steiner con su reciente obra: Los libros que nunca he escrito.

LECTURA

Tuve la oportunidad de adentrarme en su lectura, cuando en el pasado septiembre de 2008, aproveché una semana por tierras de Málaga para disfrutar de un día de playa bajo un chambao de cañas en un rincón pintoresco, paradisíaco aún, en los acantilados de Maro-Cerro Gordo. Es de esos pocos sitios de la costa del sur de Europa, castigado por el inusitado y descabellado urbanismo, que conserva casi en su integridad sus encantos. Probablemente ello se debe, además de poseer de una gran riqueza natural, al extraño empeño de la administración andaluza de arbitrar una serie de medidas que aseguren una presión o carga turística poco lesiva para el entorno.

Tal como ya les digo, pude gozar del baño nudista en un acotado espacio del Mediterráneo entre Málaga y Granada, que mantiene hoy un escenario singular por sus bellos escarpes accidentados, por un extraordinario fondo marino, por unas aguas limpias y templadas, por el deleite de unos rayos de sol anaranjado no excesivamente calenturientos pero radiantes a la hora del atardecer, y sobre todo por la ausencia de la tumultuosa y pegajosa acostumbrada masa de bañistas cuasi propia de estos lugares.

Y les digo bien, cuando he afirmado antes que me interné, recreándome leyendo a Steiner, dado que sí no es difícil, no es fácil agotar la lectura de todo lo que pretende transmitirnos el genio de este pensador. Se trata de una obra singular, pues no se acostumbra a describir siete libros que no se escribieron. Algo así como poner al descubierto las intimidades e indiscreciones que subyacen en el pensamiento: una de las vidas que podríamos haber vivido, uno de los viajes que nunca emprendimos.

Una frase de George Steiner referente a la lectura:

«No tenemos necesidad de institutos de investigación sino de habitaciones silenciosas donde se aprenda a leer alrededor de una mesa. El fracaso de nuestra cultura es el miedo al silencio».

El próximo 23 de abril cumplirá los ochenta años este hombre de cultura universal. Judío no creyente, hijo de emigrantes austriacos, nacido en Francia y educado en las universidades de Sorbonne, Chicago, Harvard y Oxford. Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2001 y Premio Internacional Alfonso Reyes (2007). Doctor Honoris Causa por la Universidad de Salamanca en 2002.

Otras obras leídas del autor:

> Errata. El examen de una vida. [Siruela, 2001].

> La idea de Europa. [Siruela, 2004].

El discurso de Steiner, no es universal en cuanto logre el bien y la belleza, demuestra manejar un vasto conocimiento, dialogar con la tradición, hilar un tejido cultural abierto al infinito que implica haber leído todo lo clásico y estar al corriente de las vanguardias. El conjunto de la obra concebida probará trascender el tiempo y el espacio, y alcanzará la universalidad.

Artículos relacionados:

> De Germán Gullón: “Los libros que nunca he escrito“. El Cultural, EL MUNDO, 19 de junio de 2008.

> De Alberto Manguel: “Pecados de omisión“. Babelia, EL PAÍS, 28 de junio de 2008.

> De Félix Romeo: “Contra Steiner“. ABCD las artes y las letras, ABC, 5 de julio de 2008.

> De Christopher Domínguez: “La flecha del tiempo“. Letras Libres, marzo de 2009.

> De Martín Schifino: “Utopías de la excelencia“. Revista de Libros, marzo de 2009.

Entrevistas:

> De Juan Cruz: “Yo intento fracasar mejor“: El País Semanal, 24 de agosto de 2008.

Bibliografía de George Steiner, en:
> Dialnet
> Rebeca
> Rebiun

¡Ole por la lectura!

Mar, Oct 28, 2008

Sin Comentarios

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